Ante la cantidad inmensa de comentarios, opiniones, y juicios volcados a las redes sociales, sería prudente tomar un momento para analizar y comprender lo que el estrés puede afectar a un deportista de alto rendimiento.
Las probabilidades de lesionarse tienen relación directa con el grado de estrés al que se está expuesto, tanto como con los recursos de afrontamiento que el deportista tenga, sea de forma natural o por aprendizaje.
En cuanto a los factores que inciden, podemos identificar a los factores internos, que tienen que ver con el estilo de personalidad, las imágenes mentales, la historia personal y deportiva, la contextura física, la predisposición fisiológica; y los factores externos, , relacionados con el evento deportivo, los riesgos de cada situación, las posturas agresivas (voluntarias o no) del rival.
El análisis debería hacerse con cautela, y sin reduccionismos que nos conducen a falsas conclusiones. Las causas de una lesión pueden ser diversas, y el estrés puede influir tanto en la generación como en la recuperación de la misma. No obstante, si un jugador está mal alimentado, mal descansado, y arrastra pequeñas lesiones que por la urgencia de la competencia no son tratadas, es muy probable que se lesione, haya o no presencia de estrés.
En el caso resonante de Di María, no se puede emitir una opinión sin estar dentro del equipo de trabajo (medico-psicólogo-preparador físico-entrenador), pero sí aprovechar el foco en este tema para hacer pequeños aportes. Pasado el momento de la pasión, mal no estaría tomar distancia y dejar espacio a la pausa y la reflexión.
¿Por qué el estrés puede ayudar a lesionar a un jugador?
Entre otras razones, porque la tensión muscular de un organismo frente a cualquier situación de estrés es desmedida, porque está preparada biológicamente para un momento limitado de lucha o huida, pero no para sostenerla en tiempos tan prolongados.
Otra razón puede ser que la excesiva preocupación que el jugador está procesando mentalmente lo lleva a tener déficit atencionales o de concentración, lo cual puede llevarlo a pisar mal, o no cuidarse de manera oportuna ante una jugada de riesgo físico.
Además de lo antes expuesto, el contexto social siempre tiene influencia sobre el individuo, que depende su personalidad podrá llevar de mejor o peor manera, pero no ser indiferente. En el caso de esta selección había un contexto exitista (nada novedoso) y de mucha expectativa por el éxito, y de ninguna tolerancia por el fracaso. Este cóctel puede resultar explosivo para aquél que tenga menos recursos de afrontamiento.
La capacidad de reacción frente al estrés no tiene que ver con la voluntad, por lo cual no tiene sentido caerle al jugador como si hubiera querido lesionarse a propósito. Cualquiera que jugó al fútbol, y ahora no hablo como psicólogo, sabe que sea un amistoso de barrio o la final del mundo el jugador quiere ganar. Pero querer es querer, y poder es poder. Hay que desmitificar esta cuestión del inconsciente colectivo de que querer es poder, y de hecho todos los equipos quieren ganar la copa y sólo uno, sea justo o no, la va a ganar.
En el ambiente futbolero todavía se mira de costado a la psicología deportiva, pero la realidad es que hay gran cantidad de intervenciones que podrían ayudar a los deportistas no sólo a prevenir lesiones, sino a aumentar los tiempos de recuperación efectiva de las mismas.
Y antes de criticar con tanta dureza a un jugador por lesionarse, recordemos que no es algo relacionado a la voluntad sino a factores que evidentemente escapan de su control.
jueves, 9 de julio de 2015
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