Si bien la psicología del deporte ha ido ganando espacios de
difusión, es poco lo que se conoce acerca de cómo puede ayudar en los distintas
disciplinas, sean amateurs o de alto rendimiento.
Cuando vas planeando en tu tabla, con el viento poniéndote
bien arriba, la adrenalina recorriendo tu cuerpo, sintiendo cada rayo del sol y
cada gota de agua que te choca de frente, difícilmente te detengas a pensar
“que útil debe ser la psicología en este deporte”.
Y cuanta razón, porque cuando todo fluye no hace falta nada
más que disfrutarlo. El tema es cuando
las cosas no salen como vos podes hacerlas, o como vos pensas que podes
hacerlas. Y más allá de las cuestiones técnicas, el primer indicador claro es
sentir que no lo estás disfrutando. Incluyendo
la alta competencia.
Recuerdo una situación mientras tomaba una clase de
windsurf, en la cual cada intento de salir navegando terminaba en caída. Cada
golpe implicaba más bronca, cada bronca más tensión corporal, cada tensión
corporal más errores de postura y ejecución de la técnica. Cuando todo parecía
terminar en ese círculo vicioso de furia y errores, el instructor me sugirió dejar de intentarlo, y
nos sentamos en la tabla, simplemente a flotar en el medio del río y charlar.
Me quitó presión, me contó que antes de dar clases él se había caído un millón
de veces más que yo, me invitó a disfrutar lo que quedaba de tiempo con una actitud más abierta.
Por supuesto que los siguientes intentos fueron mucho más
exitosos, logrando más estabilidad, mayor recorrido, menos caídas, menos
quejas, y por sobre todo, más placer.
Esta intervención explica mucho de lo que la psicología
puede hacer, y paradójicamente no fue realizada por un psicólogo.
La observación de la conducta hecha por otro nos permite
descubrir puntos ciegos para nosotros, pero que de afuera se ven con mayor
objetividad. Aumentar el registro de lo que nos pasa física y psíquicamente
favorecerá que sepamos cambiar a tiempo. El recibir experiencias transitadas por otro y cómo fueron
superadas pueden facilitar un aprendizaje en quienes están escuchando.
Interrumpir el (auto) dialogo negativo, y sugerir frases motivadoras como
reemplazo, dará una nueva oportunidad de cómo pararse ante situaciones
adversas. Fomentar la aceptación, ayudará a disolver bloqueos, tensiones,
recriminaciones. Construir objetivos
realistas evitará frustraciones innecesarias.
El abanico de técnicas es extenso, y factible de analizar en
próximas entradas, pero el objetivo en esta ocasión era poner un ejemplo más
cotidiano y en palabras de uso común.
Recuperar el disfrute sin descuidar el entrenamiento de la
técnica, no sólo es posible, sino que además nos va a ayudar a progresar en el
rendimiento deportivo. El foco está en los procesos, los resultados vienen de
la mano.
En la psicología las
palabras siempre son de vital importancia, y aquellas que me brindó este instructor,
no se las llevó el viento.
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