sábado, 24 de octubre de 2015

Psicología en el rugby: Los Pumas

Teniendo en cuenta los últimos resultados positivos que logró la selección argentina de rugby, es una buena oportunidad para relacionar algunos aspectos psicológicos que pueden influir en un equipo de alta competencia para lograr una performance de calidad, independientemente de los resultados que puedan darse de aquí en adelante.

Es notable el desarrollo físico y el funcionamiento del equipo en lo técnico, pero hay que destacar la influencia de los factores mentales en este tipo de eventos.

La actitud mental en el deporte se entrena, tanto como una jugada en la cancha o un músculo en el gimnasio.

¿Qué aplicaciones tiene la psicología como complemento al estado  físico de un equipo como Los Pumas?

Siempre hablando en potencial, porque no pertenezco al cuerpo de trabajo de este equipo específicamente, es que me permito las siguientes reflexiones:

FUERZA: está claro que se desarrolla con entrenamiento físico, alimentación, pesas. Lo interesante es que si el jugador tiene un estado excesivo de tensión, de elevada presión desde lo subjetivo, puede tener una respiración dificultosa, menor oxigenación, mayor acumulación de ácido láctico, y cierta fatiga que supone una reacción biológica frente al estrés, que está pensada para un momento puntual de lucha-huida, y no para periodos prolongados. Todo esto puede repercutir en que el nivel de fuerza disponible en la competencia   sea menor al nivel de fuerza potencial que este jugador haya logrado en su entrenamiento.

RESISTENCIA: de la misma manera, este proceso de agotamiento por reacción al estrés, puede ir disminuyendo la capacidad de resistencia en el transcurso del partido, o de un partido a otro, más allá del desgaste lógico que supone una competencia de este nivel.

PUNTERIA: afirmar que por trabajar los factores mentales un jugador que tiene mala puntería la va a embocar, sería muy pretencioso. Pero aquellos jugadores que ya tienen el talento, la habilidad de ser buenos pateadores, van a rendir más si el estado en que se encuentran en ese momento es de control de si mismo, seguridad, optimismo, si mantienen un auto-dialogo positivo, si la tensión muscular es la necesaria para la ejecución correcta del movimiento.

AGRESIVIDAD: en el buen sentido de la palabra, el ir a buscar, el enfrentar al rival sin temor, sobre todo sabiendo que son los mejores rivales que el mundo les puede poner delante.  Esto también se entrena de diversas maneras, como por ejemplo visualizaciones guiadas donde se pre-visualizan, o mejor dicho pre-vivencian los eventos que van a ocurrir, pudiendo detectar las reacciones de ansiedad, temor, u otras que se presenten y trabajarlas a través de diálogos, relajación, entre otras.

EQUIPO: factor clave donde la psicología puede colaborar y mucho. Trabajar sobre los vínculos, conocer al compañero, habilitar una comunicación efectiva, generar esa sensación de que el todo es más que la suma de las partes. Aquí también hay técnicas diversas, y siempre se van incluyendo nuevas. Una forma de trabajar la confianza, además de las relaciones extra deportivas, es por ejemplo vendándose los ojos y dejarse guiar por un compañero por un camino lleno de obstáculos. Esto implica confiar en el otro, entregarse. Aprender a que solos podemos, pero en equipo podemos más.

MOTIVACION: en este caso casi no hay nada para aportar, porque mayor motivación que la que tienen actualmente difícilmente tengan. Pero hay que estar atentos a aquellos jugadores que ante un primer tiempo adverso se ven afectados para enfrentar el segundo, o para esos jugadores que no son habitualmente titulares, es fundamental que sientan además de la pertenencia, la motivación de que en cualquier instante inesperado (y esto suele ser así) les toque entrar en momentos decisivos.
Por supuesto que hay mucho más para desarrollar, pero para no extenderme más, quería dejar algunos de los puntos que la psicología del deporte tiene en cuenta y se propone desarrollar.
Recuerden que la mayoría de los deportistas reconocen el factor mental en el deporte como decisivo, sin embargo el porcentaje de los que lo entrenan y le dedican el tiempo necesario aún es muy menor.

Lic. José Quirno

jquirno@gmail.com

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Psicología y Deportes de Agua

Si bien la psicología del deporte ha ido ganando espacios de difusión, es poco lo que se conoce acerca de cómo puede ayudar en los distintas disciplinas, sean amateurs o de alto rendimiento.

Cuando vas planeando en tu tabla, con el viento poniéndote bien arriba, la adrenalina recorriendo tu cuerpo, sintiendo cada rayo del sol y cada gota de agua que te choca de frente, difícilmente te detengas a pensar “que útil debe ser la psicología en este deporte”.

Y cuanta razón, porque cuando todo fluye no hace falta nada más que disfrutarlo.  El tema es cuando las cosas no salen como vos podes hacerlas, o como vos pensas que podes hacerlas. Y más allá de las cuestiones técnicas, el primer indicador claro es sentir que no lo estás disfrutando.  Incluyendo la alta competencia.

Recuerdo una situación mientras tomaba una clase de windsurf, en la cual cada intento de salir navegando terminaba en caída. Cada golpe implicaba más bronca, cada bronca más tensión corporal, cada tensión corporal más errores de postura y ejecución de la técnica. Cuando todo parecía terminar en ese círculo vicioso de furia y errores, el  instructor me sugirió dejar de intentarlo, y nos sentamos en la tabla, simplemente a flotar en el medio del río y charlar. Me quitó presión, me contó que antes de dar clases él se había caído un millón de veces más que yo, me invitó a disfrutar lo que quedaba de  tiempo con una actitud más abierta.

Por supuesto que los siguientes intentos fueron mucho más exitosos, logrando más estabilidad, mayor recorrido, menos caídas, menos quejas, y por sobre todo, más placer.

Esta intervención explica mucho de lo que la psicología puede hacer, y paradójicamente no fue realizada por un psicólogo.

La observación de la conducta hecha por otro nos permite descubrir puntos ciegos para nosotros, pero que de afuera se ven con mayor objetividad. Aumentar el registro de lo que nos pasa física y psíquicamente favorecerá que sepamos cambiar a tiempo.  El recibir experiencias transitadas por otro y cómo fueron superadas pueden facilitar un aprendizaje en quienes están escuchando. Interrumpir el (auto) dialogo negativo, y sugerir frases motivadoras como reemplazo, dará una nueva oportunidad de cómo pararse ante situaciones adversas. Fomentar la aceptación, ayudará a disolver bloqueos, tensiones, recriminaciones.  Construir objetivos realistas evitará frustraciones innecesarias.

El abanico de técnicas es extenso, y factible de analizar en próximas entradas, pero el objetivo en esta ocasión era poner un ejemplo más cotidiano y en palabras de uso común.

Recuperar el disfrute sin descuidar el entrenamiento de la técnica, no sólo es posible, sino que además nos va a ayudar a progresar en el rendimiento deportivo. El foco está en los procesos, los resultados vienen de la mano.

 En la psicología las palabras siempre son de vital importancia, y aquellas que me brindó este instructor, no se las llevó el viento.


jueves, 9 de julio de 2015

Di María, estrés y lesiones

Ante la cantidad inmensa de comentarios, opiniones, y juicios volcados a las redes sociales, sería prudente tomar un momento para analizar y comprender lo que el estrés puede afectar a un deportista de alto rendimiento.

 Las probabilidades de lesionarse tienen relación directa con el grado de estrés al que se está expuesto, tanto como con los recursos de afrontamiento que el deportista tenga, sea de forma natural o por aprendizaje.

 En cuanto a los factores que inciden, podemos identificar a los factores internos, que tienen que ver con el estilo de personalidad, las imágenes mentales, la historia personal y deportiva, la contextura física, la predisposición fisiológica; y los factores externos, , relacionados con el evento deportivo, los riesgos de cada situación, las posturas agresivas (voluntarias o no) del rival.

 El análisis debería hacerse con cautela, y sin reduccionismos que nos conducen a falsas conclusiones. Las causas de una lesión pueden ser diversas, y el estrés puede influir tanto en la generación como en la recuperación de la misma. No obstante, si un jugador está mal alimentado, mal descansado, y arrastra pequeñas lesiones que por la urgencia de la competencia no son tratadas, es muy probable que se lesione, haya o no presencia de estrés.

 En el caso resonante de Di María, no se puede emitir una opinión sin estar dentro del equipo de trabajo (medico-psicólogo-preparador físico-entrenador), pero sí aprovechar el foco en este tema para hacer pequeños aportes. Pasado el momento de la pasión, mal no estaría tomar distancia y dejar espacio a la pausa y la reflexión.

 ¿Por qué el estrés puede ayudar a lesionar a un jugador?

 Entre otras razones, porque la tensión muscular de un organismo frente a cualquier situación de estrés es desmedida, porque está preparada biológicamente para un momento limitado de lucha o huida, pero no para sostenerla en tiempos tan prolongados. Otra razón puede ser que la excesiva preocupación que el jugador está procesando mentalmente lo lleva a tener déficit atencionales o de concentración, lo cual puede llevarlo a pisar mal, o no cuidarse de manera oportuna ante una jugada de riesgo físico.

 Además de lo antes expuesto, el contexto social siempre tiene influencia sobre el individuo, que depende su personalidad podrá llevar de mejor o peor manera, pero no ser indiferente. En el caso de esta selección había un contexto exitista (nada novedoso) y de mucha expectativa por el éxito, y de ninguna tolerancia por el fracaso. Este cóctel puede resultar explosivo para aquél que tenga menos recursos de afrontamiento.

 La capacidad de reacción frente al estrés no tiene que ver con la voluntad, por lo cual no tiene sentido caerle al jugador como si hubiera querido lesionarse a propósito. Cualquiera que jugó al fútbol, y ahora no hablo como psicólogo, sabe que sea un amistoso de barrio o la final del mundo el jugador quiere ganar. Pero querer es querer, y poder es poder. Hay que desmitificar esta cuestión del inconsciente colectivo de que querer es poder, y de hecho todos los equipos quieren ganar la copa y sólo uno, sea justo o no, la va a ganar.

 En el ambiente futbolero todavía se mira de costado a la psicología deportiva, pero la realidad es que hay gran cantidad de intervenciones que podrían ayudar a los deportistas no sólo a prevenir lesiones, sino a aumentar los tiempos de recuperación efectiva de las mismas.

 Y antes de criticar con tanta dureza a un jugador por lesionarse, recordemos que no es algo relacionado a la voluntad sino a factores que evidentemente escapan de su control.